Sin alarma

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Persiana arriba, abre las puertas, se agacha para recoger el candado y nota de nuevo aquella pinchazo en la espalda. Enciende las luces y deja la chaqueta y la bolsa en la pequeña habitación del fondo. Prepara las toallas y lleva los carritos llenos de rulos, pinzas, tijeras y secadores. Coloca las revistas nuevas que ha comprado en el quiosco antes de venir y gira el cartel de la puerta a “abierto”.

 

Llega  Carme.

 

– Buenos días!

 

– Buenos días bonita.

 

Carme enciende la cafetera.

 

– Me hago un café rápido, que he pasado una noche del demonio! – dice mientras se limpia las gafas con la camiseta.

 

– La niña o el niño?

 

– Pues los dos al mismo tiempo. Cuando no es uno es el otro.

 

Dolors mira la agenda.

 

– Hoy le toca a Rosa ahora a las nueve.

 

– ¡Qué pesada es! – afirma Carme con el primer sorbo de café – ¿Qué le toca hoy?

 

– Permanente.  ¿Te haces cargo y me quedo con Lola que viene a por el tinte y el cardado?

 

– Sí mujer sí, ningún problema!

 

Dolors hace unos veinte años que abrió la peluquería, cuando el barrio aún no empezaba a hacer pavor. Pensó que algo de vida y de color vendría bien. Recuperar a aquellas señoras, de clientela fija, que se iban fuera del barrio para peinarse. No estaba en la mejor calle, tenía que recoger a veces bolsas de basura tiradas prácticamente delante del local. La calle era sucia, la gente mendigaba en las esquinas y la violencia era latente. Pero la gente del barrio, la de toda la vida, no quería marcharse. Y Dolors y Enric tampoco, seguían viviendo en el piso que los padres de Enric les compraron cuando se casaron. Enric se encargó de las obras, de poner el suelo nuevo, de arreglar los grifos y de cambiar los enchufes para que llegara la televisión también a la cocina.

 

– ¿Cuándo te vas de vacaciones Dolors? – preguntó  Rosa mientras Carme le iba poniendo los rulos.

 

– Pues hoy señora Rosa, cuando salga de aquí.

 

– ¿ Y os vais muy lejos?

 

-¡Uy! – dijo Carme riendo- esto es un secreto de Estado. Dolors no ha querido abrir la boca en todo este tiempo.

 

– Lo importante es que podáis descansar tú y Enric – añadió Lola mientras pasaba las páginas de la revista.

 

– ¿Puedo subir la radio? – dijo Laura, la nieta de  Rosa que la acompañaba últimamente desde que la pobre mujer se rompió el fémur.  Dolors asintió con la cabeza.

 

– ¿Quiénes son estos? – dijo Carme mascando chicle.

 

– Radiohead- añadió Laura – No Surprises se llama la canción. “Sin alarmas y sin sorpresas” – decía traduciendo simultáneamente la niña de quince años.

 

– ¿Sin alarmas ni sorpresas? ¡Como tus vacaciones Dolors! – rió fuerte Carme.

 

– Lo importante es que podáis descansar tú y Enric – repitió Lola.

 

Laura se acercó hacia su abuela mientras daba una vuelta de bailarina. Se sentó en la silla giratoria de al lado y comenzó a dar vueltas mirando al techo.

 

– ¿Por qué no has tenido hijos con Enric? – dijo la chica.

 

– ¡Laura! – exclamó su abuela – ¿Pero qué significa esta pregunta? ¡Eres igual de bocazas que tu padre! Ya se lo decía yo a tu madre, ya.

 

– No pasa nada señora Rosa – dijo Dolors- No hemos tenido hijos porque no hemos querido.

 

– ¿Quién no quiere hijos? – dijo Laura mirándola fijamente.

 

– Pues mira, ¡yo por momentos! – rió Carme – sobre todo por la noche que me han dado hoy.

 

– Enric y yo hemos hecho muchas cosas sin tener la necesidad de tener hijos. Ya está bien así. Y tampoco tiraría atrás para remediarlo, ¿me entiendes? – le dijo Dolors mientras se quitaba los guantes del tinte.

 

– Supongo … – dijo Laura mientras seguía cantando la canción flojito.

 

– Enric te ha dado buena vida. Y eso que no se le ve demasiado ya – añadió  Rosa, curiosa como siempre.

 

– Ya sabes, cosas del taller – respondió  Dolors mirando hacia Carme y poniendo los ojos en blanco.

 

– Lo importante es que podáis descansar tú y Enric – añadió Lola por enésima vez.

 

Dolors se sentó en la silla, cansada y dolorida de estar de pie. Miraba el reloj mientras se tocaba la espalda.

 

Carme se acercó hacia ella y abrió la agenda grande que estaba encima de  la mesa para mirar cómo proseguía la mañana.

 

– Después de Consuelo iré a buscar alguna cosita para comer. ¿Quieres que te traiga algo o comerás en casa?

 

Dolors dudó hasta que dijo:

 

– ¿ Te importa cerrar tú hoy?

 

– ¡ Sí que quieres empezar temprano las vacaciones! – rió Carme- ¿No viene a recogerte por aquí Enric?

 

– No, iré a casa primero.

 

– De acuerdo. Pues si quieres, visto como está el patio – dijo señalando con la cabeza a las abuelas sentadas de cara a los espejos – vete ya.

 

– Sí, eso haré- dijo Dolors yendo a buscar la chaqueta.

– Buenas vacaciones guapa! – exclamó  Rosa-¡ y haz muchas fotos del viaje!

 

– Lo importante es que podáis descansar tú y Enric – dijo Lola mirando los cepillos que estaban delante suyo en el mármol.

 

Dolors salió dirección a su casa. Las maletas estaban hechas, así que no había que correr. Cogió el autobús. Las paradas iban pasando poco a poco, prácticamente a cámara lenta.

 

– Hola Enric – dijo entrando en casa – Ya he llegado. Ponte el abrigo que vamos a buscar el coche.

 

Enric se sentó en el asiento de al  lado mientras Dolors ponía en marcha el coche.

 

– ¿Dónde vamos? – dijo Enric.

 

Dolors no respondió mientras miraba a la carretera. No podía mirarlo o se pondría a llorar.

 

– ¿Has hablado con mi madre? – preguntó el hombre.

 

– Sí.

 

– ¿Y qué ha dicho? ¿Le has dicho que he sacado buenas notas a final de curso?

 

– Sí.

 

– Si saco buenas notas, mamá me comprará regaliz.

 

Dolors lo miró tiernamente. Aquel niño era su hombre. Su hombre fuerte, inteligente, capaz, dinámico, culto, tierno. Aquel era Enric.

 

– ¡No quiero ir contigo! – chilló Enric.

 

– Ya casi estamos Enric.

 

Llegaron a la residencia. Dos enfermeros se acercaron para abrir la puerta del coche a Enric.  Dolors sacó las maletas.

 

– ¿Nos acompaña? – preguntó el más alto.

 

Dolors asintió con la cabeza pero se quedó apoyada en el coche.

 

– Aquí estará bien. Es muy duro, pero ha tomado la mejor decisión – le dijo el chico cogiéndola por el brazo.

 

– Dolo! – dijo Enric- ¡qué sorpresa! ¡Mira qué hotel! – exclamó con cara de contento- Tendremos que ponernos el despertador para bajar temprano a desayunar, no sea que se acabe antes de tiempo.

Dolors sonrió.

 

– Aquí no hay alarmas Enric. Podrás dormir hasta tarde que siempre tendrás desayuno – dijo  tiernamente.

 

– Te quiero Dolo. Eres la chica más guapa del pueblo – dijo Enric cogido del brazo del enfermero entrando por la puerta.

 

Y el corazón de Dolors se rompió mientras cogía la maleta de Enric y entraba. Lo importante es que ahora podían descansar. Y cómo duele esto.

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